Una tarde de verano…

Tumbados en la cuesta de aquella calle lúgubre, a la penumbra del cálido atardecer.Sus cuerpos desafiaban la lógica del torrente sanguíneo.Un brazo a modo de almohada, mientras sus dedos más cercanos jugueteaban en un baile sin fin que les hacía sentir el lugar y el momento idóneo para el otro. En el centro de aquellaSigue leyendo «Una tarde de verano…»