El cómo debemos vestirnos ha generado una gran controversia en países donde el machismo aún sigue a flor de piel. ¿Nos vestimos para nosotras o nos vestimos para complacer a la sociedad?

Mediante un experimento, Karl Stefanovic, presentador de televisión de Australia, mostró cómo las mujeres son juzgadas por el tipo de ropa que llevan, su peinado, etc. El experimento consistió en que el presentador llevara el mismo traje durante 12 meses. Dicho ensayo exhibió: que los demás compañeros, incluida la audiencia, no se percataron de su vestimenta, al contrario de lo que ocurría con sus colegas mujeres cuando llevaban otro tipo de ropa o peinado. Estándares de una sociedad machista a todas luces.

La gran mayoría de la población femenina sufre las miradas, las críticas y, lo peor de todo, las burlas de su aspecto físico. Relacionadas con la ropa que tienen que llevar, si es acorde a su edad y a su cuerpo.

Por si fuera poco, usan etiquetas asociadas con ser una «buena mujer» para referirse a esa persona que no viste «provocativamente», no bebe, no sale con varios hombres…porque si lo hace no es una » buena mujer». Pero los hombres si hacen todo eso, ¿dejan de ser buenos hombres? La respuesta es evidente, puesto que para ellos no existe tanta presión de los estándares de la sociedad que parecen enfocar solo al comportamiento de cómo debe vestir una mujer y no un hombre.

En algunos de los buscadores de contenido más famosos, como YouTube y/o Pinterest, existen innumerables cuentas creadas específicamente con el objetivo de explotar el tópico de cómo debes vestirte. Los hay de todo tipo: desde cómo deberías vestir de acuerdo a tu edad, cuerpo y tono de piel, hasta consejos para «esconder» todas esas «imperfecciones» que te hacen única y especial. No por ello os digo que no son buenas, pero sí que es un claro ejemplo de cómo ha influido esa mentalidad machista en la economía mundial, y cómo ha condicionado nuestra forma de pensar.

Nos han encasillado de tal manera que debes vestirte de acuerdo a tu edad, cortarte el pelo según le corresponda a tu género, existir de acuerdo a si eres hombre o mujer. Si en algo todas estamos muy de acuerdo es que nadie debería decirnos cómo vestirnos, qué llevar, si nos favorece o no algo, o si viene bien a mi edad.

Las exigencias, absolutamente sexistas, a la hora de elegir prendas adecuadas para no llamar miradas, ser juzgadas y etiquetadas por todo menos bonitas, son las que me llevan a una gran indignación. Y este no es un problema anclado en la Edad Media. Hace poco conocimos la noticia de una mujer, que trabajaba como recepcionista en un auditorio en la ciudad de Londres, a la cual despidieron por negarse a llevar tacones.

¿Cómo nuestra vestimenta influye el desempeño laboral?

Es bastante comprensible que para trabajar en la cocina debes recogerte el pelo y no llevar laca de uñas, porque evidentemente afecta a la normalización y resultado del trabajo. Pero, ¿es lógico que sea igual en una oficina que en la hostelería y restauración?, ¿el llevar tacones de tantos centímetros o faldas mejora el desempeño laboral? Estigmas ambiguos y sexistas.

¿Vestimos como queremos o como la sociedad nos impone?

Hace cinco años se creó un movimiento llamado Smartglamour bajo el hashtag #ImFlattered en redes sociales. Defiende la belleza natural de la mujer, y hacer la vista gorda a los comentarios que menosprecian su forma de vestir. Así es, somos glamurosas, no importa lo que nos pongamos, no importa que no vaya acorde a nuestra edad, no importa tu tono de piel siempre que a ti te guste y te haga feliz. Tenemos suficiente con vivir una pandemia para preocuparnos por cómo debemos vestirnos, ni que fuéramos gato para estrenar nuestra vida siete veces.

Nos queda aún un largo camino por recorrer pero cada vez se hace más corto. VÍSTETE COMO TE APETEZCA, ERES HERMOSA, PERFECTA, ERES GLAMUROSA te pongas lo que te pongas.

Sobre el autor

Una persona despistada, olvidadiza pero feliz.

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